Ayer soñé con ella, le decía que te echaba de menos. Pero no es verdad. Debiste saber entonces cariño que esta era la única ofensa que no te perdonarías jamás. Y yo no tengo nada que perdonar, sólo esperé para ver tu cara de sorpresa: "¿cómo pude ser tan tonto?"
No hay comentarios:
Publicar un comentario