No volvería a ninguno de los altares en los que alguna vez me recosté. No extraño ningún cuerpo de los que me diera calor en las noches de frío. No añoro ningún sabor.
Y sin embargo, de noche y a oscuras me muero de sed. Mis labios tienen hambre de pan, fuego y saliva. Mis manos quieren tocar y tocar, más allá de mi piel…Recuerdo tu olor, de hombre, y darte la espalda. Me hacías sentir felina. Tú sabías acecharme muy lento, despacio y rápido, contra mi voluntad, que sabías dominar. Tú encendías mi rabia, y mi deseo. No te afectaba que yo te odiara. Y eso me excitaba, y por eso te odiaba aún más. No te importaba mi dolor, ni mis lágrimas. No necesitabas de mi permiso. Tú podías rendirme hasta la humillación, casi sin rozarme. Y disfrutabas con mi resistencia.
Y eso es lo que echo de menos, no a ti. Un momento, al final del día, para reposar de mi pose, relajar mis piernas, rebajar mi porte y sentirme mujer. Mujer poseída de un Hombre. Aunque tú nunca entendiste que era eso y no otra cosa lo que me hacía sentir segura.
De noche pienso que tú hubieras podido dominarme, si hubieras podido….
Pero nunca te preocupaste por someterme al amor, porque te amara, por aplacar mi furia... eso al final te aplastó a ti. Y ahora te duele, ahora que ya no me importa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario