FRÍO Y FUEGO

Me miro y me reflejo tan… desquiciada, definitivamente a un paso de perder el control y sumergirme en la locura. Ya tengo un río de emociones que ni comprendo ni domino. Me miro y no entiendo que esta pueda ser la misma que ha quemado puentes con el pasado una y otra vez. La misma que deja un hogar cuando empieza a sentirlo suyo, la que ya no tiene lugar donde reposar la cabeza y descansar, ni lo busca. Pero sí, yo también soy esa que puede desplazar hasta el último de sus sentimientos y desvanecerse en el hielo de la nada, en el invierno de la quietud. Una que sabe como mantener un corazón cerrado y un fuego a raya. Y aún hay más….porque aunque ahora sienta lágrimas y compasión, aunque mañana pueda embargarme un perfume amoroso con fuerza para encantar al mundo entero, yo también soy, a mí pesar, una mujer despechada que sabe utilizar una vieja herida (que nunca se cierra) como excusa para la venganza y el odio; como aliento de una inteligencia retorcida que solo busca un placer momentáneo que más tarde lamentará y querrá cubrir con suaves voces.

En realidad ¿sabes qué? No me gusta ninguna. Porque al final todas están solas y desembocan en el mismo dolor.
No sé por qué espero reconocer en otros una imagen de santidad que a mí se me escurre entre los dedos.
Supongo que siempre es más duro reconocer que la desilusión es en realidad uno mismo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario