Hoy al despertarme he tenido una revelación. No puedo contarlo aquí, pero se resume en miseria, explotación, opresión y más miseria. Se me vino un nombre a la cabeza, y después como fotogramas se sucedieron varias imágenes. Narraban una historia, y sentí repugnancia. Ya he dicho que no puedo contarlo aquí, pero al señor x le apodaré dinero y a los oprimidos valedores: los que intentan demostrar que valen. Lo vi con claridad meridiana; el engaño, el truco. Y sentí asco. Demuestra que vales, que vales para enriquecer más al Caballero Don Dinero. Demuestra para quién trabajas.
Por un segundo me envalentoné, quise decirte que no tenías nada que demostrar, ¿demostrar a quién? ¿Demostrar el qué? Pero claro, sí que tienes que comer. Lo otro sólo es el gancho con el que mantienen la soga al cuello.
Hoy me he hecho otra promesa: no veneraré jamás a ningún poder que lleve pantalones de hombre y se siente a comer sobre las miserias de los demás. Antes bien, si algún día se me concediera, le metería la cabeza entre las piernas y le haría tragar el polvo.
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